
Hoy quiero hablar de muchas cosas.Hay muchos temas con los que me despacharía a gusto, pero voy a elegir uno, o esto se puede convertir en un popurrí,casi como cuando María Patiño habla: comenta de todo,pero no dice nada. Así que me voy a ceñir a un único asunto al que últimamente le doy bastantes vueltas: las bocas.
El asunto es que las bocas son casi lo más representativo de una persona: uno es lo que dice y lo que calla. Lo que besa, lo que come, lo que bebe, lo que fuma. Y todo ello gracias a Doña Boca. Y lo más importante: un sólo orificio en la boca puede enamorar y volver loco al más frío.
¿Por qué? ¿Qué tiene una boca? ¿Es por todas las funciones que cumple?
Una vez me enamoré de una boca.Y esa boca, en sueños, me besaba. Cuando me encontraba de frente con esa boca, la mía se abría,cobraba vida propia sin hacerme caso,balbuceaba,no encontraba las palabras,sonreía porque sí. Lo mejor vino cuando pude oír cantar a esa boca divina y ya no la olvidé. Porque esa boca se reía- y se ríe-como nadie.Esa boca me muerde el cuello,el alma,la voz,las orejas,el aburrimiento,las cosquillas.
Yo no sé qué es lo que tienen las bocas.Por qué nos apetece hacer algo tan vulgar como poner dos lenguas juntas con sus respectivas salivas.Pensándolo fríamente,es algo repulsivo y poco higiénico.Pero existe algo químico,espiritual,físico o de origen infuso que hace que nos apetezca.
Dándole la vuelta a la tortilla,una boca puede hacernos rechazar a toda una persona: ¿quién no se ha encontrado con dientes que parecen cepillados con café? O con una boca que parece un teclado de piano,diente aquí,hueco allá.Terrible. Por eso admiro el valor de los dentistas,esos intrépidos exploradores bucales, que meten sus narices en toda clase de grutas faciales.
El caso es que una vez me enamoré de una boca.
Esa boca me habló.
Le habló mi boca.
Y desde entonces no quiero besar otra. Me parece que el por qué...es secundario.